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viernes, 12 de febrero de 2010

Els fills, la millor inversió?

Un article deia que el cost per criar un nen des del seu naixement fins els 18 anys és de 160.140$ (118.175,39€) per família de classe mitjana (americana, hem de suposar). Aquests números ens duen a fantasejar amb tot el que tindríem si no haguéssim tingut fills o, simplement, a mantenir la nostra decisió de no tenir-ne.


118.175,39€ = 6.559,12 €/any = 546,59 €/mes = 126,13 €/setmana = 18,02 €/dia = 0,75 €/hora


Llavors, hom pot pensar que el millor consell financer podria ser: “no tigui fills si vol ser ric”. No obstant, s'acompleix aquesta afirmació?

Vejem a continuació què s'obté d'aquesta inversió de 118.175,39€ de 18 anys de durada:

1. Dret per posar noms, el teu cognom i augmentar la teva branca de l'arbre genealògic.

2. Petons de papallona i abraçades d'ós.

3. Massatges gratuïts o, com a molt, a canvi de sugus o chupa chups.


4. Més amor que el que el teu cor pot suportar.


5. Una mà per sostenir-te. Això si, normalment tacada de melmelada o “nocilla”.


6. Un company per fer bombolles, construir castells de sorra, per anar saltant pels bassals mentre plou a bots i barrals.


7. Dret a fer el boig i a riure's d'un mateix sense importar què digui el teu cap, companys, o veïns.


8. Senyals de Déu tots els dies.


9. Felicitat i alegria quan, per exemple, aconsegueix finalment aprendre's les taules de multiplicar, els verbs irregulars en anglès, a anar amb bicicleta...


10. Dret a no haver de créixer; permís per pintar amb els dits, jugar a fet i amagar, capturar insectes, demanar desitjos a les estrelles, cantar desafinant, no deixar mai de creure en els miracles...


11. Una excusa per continuar llegint contes com el de Peter Pan i mirar pel·lícules Disney.


12. Garantia de coneixement i actualització de les noves tecnologies. Sempre estaràs al dia.


13. Garantia de que sempre tindràs un dibuix fet amb témpera o ceres toves, les impressions de les mans sobre el fang, una figura de plastilina, un collaret de macarrons, flors de papers... pel dia de la Mare/Pare.


14. Seràs un heroi tan sols pel simple fet de recuperar la pilota del pati del veí, per saber fer tocs amb la pilota o esmaixades, per saber canviar la cadena de la bicicleta i anar sense mans, saber xiular, fer bombolles amb el xiclet, aixecar una cella, fer desaparèixer el dit gros, per saber tocar 4 acords amb la guitarra...


15. Aconseguiràs un seient VIP a la història de la humanitat per ser testimoni del seu primer pas, la primera paraula, la primera dent, la primera cita -o no-, el primer excel·lent (o suspens)...


16. Aconseguiràs ser omnipresent i realitzar multitud coses alhora.


17. Seràs Rei i a més a més Mag!


18. Garantia d'un augment espectacular del teu nivell de formació: psicologia, economia domèstica, administració, cuina, infermeria, puericultura, dret, nutrició, comunicació i noves tecnologies... que cap universitat del món pot igualar.


19. Davant els seus ulls, estaràs al mateix nivell que Déu: tindràs poder per sanar un plor, espantar monstres que estan sota el llit o dins l'armari, guarir cors i reconfortar-los, i estimar sense límits, sabent que un dia ells estimaran, com tu, sense tenir en compte els costos.


20. Aquesta és la única inversió amb una llista d'avantatges infinita, per la qual cosa millor deixar-ho aquí. [Qualsevol suggeriment hi pot ser inclòs, per descomptat.]



Després d'haver llegit tot això, hom té 3 opcions:

a) Invertit-hi tot el que vulgui (recordant que tota bona inversió, quant més s'hi inverteix, els beneficis es multipliquen)
b) No invertir-hi.
c) Aconseguir algun d'aquests beneficis (com a molt 2 o 3) essent puericultor, mestre d'infantil o primària, o sent un bon tiet.


A gaudir!


L.S.R
[font bibliogràfica: catholic.net]

jueves, 4 de febrero de 2010

"Yo, ateo, digo que África no necesita dinero, sino a Dios y los misioneros"

"Poco antes de Navidad regresé, tras 45 años de ausencia, al país que conocí de niño como Nyasaland. Hoy es Malaui. Viajé allí con una pequeña oenegé británica conocida como Pump Aid (www.pumpaid.org), que ayuda a comunidades rurales a instalar pozos sencillos para proporcionar agua limpia, para ver su trabajo.

Este viaje, además de renovar mi fe en las organizaciones de ayuda al desarrollo, me refrescó otra creencia contra la que he intentado en vano desterrar de mi vida, que siembra la confusión en mi ideología, se niega testarudamente a encajar en mi visión del mundo y ha dejado en mal lugar mi idea de que Dios no existe.

Aunque soy un ateo convencido, tengo que reconocer la enorme contribución que el cristianismo realiza en África: totalmente distinta del mundo de las oenegés seculares, los proyectos gubernamentales y los esfuerzos de ayuda internacional. Todos los anteriores, por sí mismo, no bastan. En África, el cristianismo cambia los corazones de la gente y trae una transformación espiritual, un nuevo nacimiento y un cambio que es real.

Hace años intenté evitar confrontarme con esta verdad limitándome a aplaudir el trabajo práctico de las misiones en África. Solía razonar así: es una pena que la salvación sea parte de esta labor, porque los cristianos —blancos y negros— que trabajan en África curan a los enfermos, ayudan a la gente a leer y escribir, y únicamente los laicistas más radicales podrían ver un hospital o una escuela de una misión y decir que el mundo sería un lugar mejor sin estas instituciones.

En aquella época yo concedía que si la fe motivaba a los misioneros, muy bien; pero lo que contaba era la ayuda, no la fe. Pero me he dado cuenta de que esto no corresponde a la realidad. Teníamos amigos misioneros, y cuando yo era niño a menudo nos quedábamos con ellos en la aldea africana. En la ciudad, teníamos empleados africanos que se habían convertido y que eran unos grandes creyentes.

Los cristianos siempre eran diferentes. Su fe, lejos de haberlos achantado, parecía haberlos relajado y liberado. Eran personas que tenían una vivacidad, una curiosidad, un compromiso con el mundo y una manera directa de tratar a los demás que parecían estar ausentes en la vida tradicional africana.

Cuando tenía 24 años, un viaje largo por el continente me reafirmó en esta impresión. De Argelia a Níger, Nigeria, Camerún, República Centroafricana, Congo, Ruanda, Tanzania y Kenia. Viajé por tierra en un Land Rover con otros cuatro amigos estudiantes. Cada vez que entramos en un territorio donde había misioneros teníamos que reconocer que algo cambiaba en las caras de la gente que encontrábamos y con los que hablábamos: algo presente en sus ojos, la forma de acercarse a ti directamente, sin bajar la cabeza ni tener la mirada perdida.

Esta vez en Malaui ocurrió lo mismo. No encontré a ningún misionero. Nadie se los encuentra en los salones de los hoteles de lujo discutiendo documentos de desarrollo estratégico, como ocurre con las grandes oenegé. Sin embargo, me di cuenta de que un puñado de los miembros africanos más activos de Pump Aid confesaban, en privado, ser personas de firmes convicciones cristianas. Digo "en privado", porque la oenegé es totalmente aconfesional y nunca dicen nada sobre la religión durante su trabajo en las aldeas. Pero recogí algunas referencias sobre el cristianismo durante nuestra conversación. Uno de ellos leía un libro devocional durante el viaje en coche. Otro, los domingos iba a la iglesia para acudir a oraciones que duraban dos horas.

Encajaría mejor en mi mentalidad pensar que la honradez, diligencia y optimismo que derrochaban en su trabajo no tenía conexión con su fe personal. Pero, aunque su trabajo era secular, estaba influido por lo que eran, y su ser estaba influido por una concepción del lugar del ser humano en el universo que les ha enseñado en cristianos.

La ansiedad, el miedo a los malos espíritus... penetra profundamente toda la estructura del pensamiento africano tradicional, donde un enorme peso cae sobre el individuo, sofocando su curiosidad y haciendo que la gente no tome la iniciativa y no lleve las riendas de su vida...

El cristianismo, el de después de la reforma y de después de Lutero, con su enseñanza de un vínculo personal y directo entre el individuo y Dios, sin pasar por ninguna otra autoridad humana, rompe este marco filosófico-espiritual, y ofrece una base sobre la que apoyarse a los que quieren liberarse de la mentalidad tribal. Por eso el cristianismo libera.

Los que quieren que África camine con la cabeza alta en el siglo XXI deberían pensar que los medios materiales y lo que llamamos el desarrollo, no efectuarán el cambio por sí mismos. Primero, hay que suplantar todo un sistema de creencias. Un África sin cristianismo dejará el continente a merced de la nefasta fusión entre Nike, el hechicero, el teléfono móvil y el machete".


Matthew Parris

Columnista a The Times (des de 1988)
Diputat britànic (de 1979 a 1986)
Guanyador Premi Orwell de Periodisme (2005)

lunes, 7 de diciembre de 2009

"Mujer invisible"

lunes, 9 de noviembre de 2009

Mártires de la Iglesia en Ruanda

Testimonios de hermanos del Camino Neocatecumenal
Enrico Zabeo



Kigali, 5 de Septiembre de 1994



Queridísimos hermanos:


La paz esté con todos vosotros. Desde hace poco más de una semana me encuentro de nuevo en Ruanda, de paso hacia Burundi. El Señor nos lo ha facilitado todo y ha abierto las puertas para que pudiésemos encontrar a los hermanos que quedan y tener noticias de los otros. Los hermanos se están recuperando poco a poco. Algunos han vivido estos tres meses de guerra escondidos, con hambre, tensión, y todo lo que esto comporta. Todos han sido marcados por la presencia del Señor a su lado.

La palabra del Señor, los salmos, los cantos de la Pascua que resonaban en su interior, les han dado ánimo y esperanza. ¡No es lo mismo vivir estos terribles acontecimientos con un poco de «sal» que da el Señor, que vivirlos sin nada! En general, en las comunidades neocatecumenales del sur, es decir, en Lungombwa, Butare y Nyanza hay muchísimos hermanos muertos; en Kigali las cosas han ido un poco mejor: a nosotros, pero sobre todo a los hermanos de la capital, les ha parecido claro que Dios tiene para ellos un diseño para los días que vendrán, en el sentido de que haber escapado y salido indemnes de esta tempestad se debe sólo a la gracia y a la voluntad del Señor, a fin de que se conviertan en sal, luz y fermento de esta ciudad y de este país. Lo cual ha empujado inmediatamente a los hermanos a buscarse unos a otros y a empezar a reunirse para las celebraciones. Dicen haber experimentado la Resurrección: haber pasado de muerte anunciada en muerte anunciada, viendo cómo la Pascua se hacía realidad, es decir, viendo la intervención de Dios que les libraba de la muerte allí donde humanamente tendrían que haber sido matados. Frescos del Primer Escrutinio y sobre todo por la celebración de la noche de Pascua, tuvieron en estas liturgias fuertes su alimento y la fuente de esperanza viva y verdadera.

En Nyanza, a pesar de que mataron a muchos, quienes sobrevivieron cuentan la Pascua: dos chicas, en situaciones diferentes, por dos veces fueron arrojadas al agujero con otros cadáveres, llenas de heridas y garrotazos, y por dos veces lograron salir de él encontrando la salvación. Otra chica, la que estuvo el año pasado en Denver murió rezando por los asesinos que la hicieron pedazos. Con ella estaba su padre, también de la comunidad, y algún hermano de carne: la madre y otros hermanos y hermanas huyeron tomando otra dirección y fueron también asesinados. De toda la familia sólo queda un chico. En Butare supimos de un muchacho del Camino al que asesinaron por no haber aceptado matar, de otro dispuesto a morir por haber escondido a dos hermanas buscadas por los asesinos.

Escuchar los testimonios de los hermanos ha sido para mí un gran consuelo. Ver la iluminación de algunos hermanos y hermanas ha sido una catequesis inigualable: hecha de acontecimientos de vida, no de palabras vacías.

Los días pasados estuvimos también en Gisenyi y en Goma. En Gisenyi pudimos encontrar hermanos, algunos están vivos, pero nos faltó tiempo material para encontrarlos. Pero también allí han matado a muchos. ¡Pensad que sólo los sacerdotes diocesanos muertos son 3l! Allí se encuentra ahora una Iglesia aparentemente destruida, golpeado el pastor y dispersado el rebaño. También aquí en Kigali y en general en el país se tiene la sensación de una gran desbandada y desilusión; ¡se había construido demasiado con los ladrillos y poco con el cemento verdadero de la fe! Ahora todos dicen que hacen falta catequesis, del Camino Neocatecumenal, también aquellos que antes nos encontraban demasiado severos por decir que en los cristianos no hay fe ni amor. Muchas personas de fuera del Camino, incluidos también obispos, sacerdotes y religiosos, han quedado como aturdidos, incrédulos e incapaces de cualquier reacción después de una tragedia tan grande. Nosotros pensamos que los hermanos que quedan, más o menos numerosos según los lugares, son el fermento bueno y nuevo que rehará el tejido de esta Iglesia y de este país.

En los próximos días todavía trataremos de ver y encontrar en alguna celebración de la Palabra y de la Eucaristía a los hermanos, antes de salir hacia Cyanguye y Bukavu, y luego a Burundi, donde esperamos concretar algo con el Arzobispo.

De todas formas, la situación, para uno que no hubiera conocido antes lo sucedido, parece casi normalizada, a excepción de algunos signos evidentes de la guerra: escombros, casas derrumbadas, etc. Pero la gente venida de Burundi, Uganda, Kenia, Zalre, ha llenado (está llenando) la ciudad; hay un aire de victoria y de novedad; pero bajo esta aparente normalidad existen vacíos enormes: unos han perdido 10, otros 15, 20, 30 o más familiares. Y estas pérdidas están haciendo sangrar el corazón, y no es el comercio u otras cosas lo que los puede curar: por eso hay necesidad de predicación, de anuncio del amor, de la misericordia y del perdón de Jesucristo. Nos espera mucho trabajo y quizá alguna persecución. Pero el Señor vela sobre nosotros y nada podrá hacernos daño.

Nos veremos el 25 de octubre, salvo imprevistos. Estamos bien. Os saludan Ignacio y Jeanne con el beso santo.

La paz.

Enrico Zabeo


Breves notas sobre la reciente visita a los hermanos que quedan de las comunidades neocatecumenales en Ruanda (25/19 – 24/10 del 94)

El Camino en su primera fase está presente desde octubre de 1989, en 5 diócesis (de 9), 8 parroquias, 19 comunidades, de las cuales una está en el Shemá y tres en el Primer Escrutinio.


Nyanza, diócesis de Butare

1ª Comunidad

— JUSTIN FURAHA, presbítero: asesinado a palos y golpes de machete el 30 de Mayo cuando, junto a otros dos hermanos, les hicieron salir de la prisión de Butare «para volver a la libertad», a través de un pasaje secundario. Apenas salieron, detrás del muro, había un grupo de milicianos (o de prisioneros mismos) esperándoles: una fosa común estaba allí al lado, los mataron.

Presbítero desde 1980, Justin había conocido el Camino Neocatecumenal en Londres, donde también hizo las catequesis con Paul y su mujer. De vuelta a Ruanda fue en un primer momento profesor en el seminario menor; luego, desde el 88 al 93, párroco de Nyanza, donde, al paso del equipo en el 89, pidió inmediatamente las catequesis. Sabía que era aborrecido por el régimen (era tutsi de familia real) y se esperaba que le detuvieran y le mataran, dada la influencia que había ejercido en Nyanza, sobre todo a través de la pastoral del Neocatecumenado. Fue un verdadero milagro que lograse en octubre del 90 evitar la prisión, después de un registro y un interrogatorio. También porque en Nyanza a las comunidades, ligadas a Justin, se les tomó un particular odio durante las masacres.

Desde septiembre del 93 Justin se encontraba en Save, primera parroquia histórica de la Iglesia en Ruanda. Cuando estallaron las masacres, en Save estaba concluyendo la catequización con la convivencia final a la que habían acudido más o menos 150 hermanos.

Carácter jovial y optimista, decidido y combativo, Justin daba ánimos a todos y decía, sobre todo en los últimos tiempos: «¡Tenemos que luchar contra el miedo, si no estamos acabados antes de tiempo!». Se libró de los asesinos y salvó a una mujer, echándose encima del grupo a toda velocidad y sacando amenazador una barra de hierro.

Las más de 150 Monjas Benebikira reunidas en Save para un curso de actualización la semana después de Pascua, amenazadas de saqueo y violencia, huyeron dispersándose y escondiéndose en las colinas. Justín afrontó a los milicianos, hizo pactos con ellos, y cuando se marcharon fue a buscar a las monjas y logró llevarlas de nuevo al convento.

Se le advirtió de que lo estaban buscando; y él se lo comunicó al Obispo, pero no pudo obtener ayuda a causa de la situación tan deteriorada. Cogido preso bajo la mirada de sus hermanos mientras salían del refectorio después de comer, fue conducido a la prisión de Butare. Pidió a los hermanos el breviario y les escribió que estaba lleno de alegría porque podía rezar mucho por ellos; este hecho le hacía sentirse en comunión con todos y le hacía feliz.

Esperamos poder recoger algún manuscrito de Justin y la nota que les escribió a sus hermanos durante la prisión.

Teniendo presente cómo lo he conocido siendo su catequista y hermano en el presbiterado, creo que Justin murió como un mártir. Me lo sugiere el hecho de que, hablando con el seminarista Rornain, a quien confiaba las llaves y los «secretos» de la parroquia antes de ser llevado por los militares de paisano, y con quien se había confiado particularmente en aquellos últimos días en Save, Justin dijo: «Ha llegado la hora: el río llega al final de su curso; ¡ahora ya no sirve luchar! ». A este seminarista le he pedido que redacte un relato detallado de los últimos días de Justin y que nos lo mande.

Justin siempre nos había acogido y alojado en Nyanza y nos había ayudado con gran generosidad; amaba sinceramente el Camino Neocatecumenal, sobre todo por lo que le había ayudado a él. ¡El Señor le ha dado el céntuplo!

— JEAN-BAPTISTE y BERNARDETTE: matrimonio responsable. Los primeros asesinados en Nyanza. Su casa echada por los suelos. Los soldados y los milicianos se ensañaron con ellos que, como responsables de la ª Comunidad, personificaban en Nyanza el Camino Neocatecumenal.

El 22 o 23 de Abril, a Jean-Baptiste y Bernardette les hicieron salir de casa y les molieron a palos. Mientras le golpeaban, Jean-Baptiste gritaba: «¿por qué me hacéis esto?, ¿qué mal he hecho?». Recuerda la Pasión. Bernardette en cambio callaba, y a cada golpe hacía correr una cuenta del rosario. En un momento de pausa Jean-Baptiste intentó escapar al bosque vecino, pero los tiros le cortaron el paso. Lo cogieron y lo apalearon de nuevo; a continuación se le hizo bajar con Bernardette al matadero y allí acabaron con ellos a golpes de machete y se les echó en la enorme fosa común excavada al lado.

Hago notar que al matadero fueron conducidos también muchos otros hermanos de Nyanza. En sintonía con Isaías 53. Subrayo el ensañamiento contra los hermanos de las comunidades acusados de reunirse de noche (¡las celebraciones!) para tramar contra el régimen a favor de los rebeldes del Frente Patriótico. Era naturalmente un pretexto; uno de los hermanos, Augustin Nyamurinda, intentó en vano deshacer ante el comandante de la gendarmería y el vice-prefecto de Nyanza.

Un joven hermano, Innocent Habyarimana, superviviente de las masacres junto a su mujer Eugénie y su niña, nos contaba que durante su fuga había oído a los milicianos, también ellos fugitivos de Nyanza, contar admirados el modo en el que los hermanos de las comunidades habían muerto. A los milicianos les había chocado la dignidad y serenidad con que los hermanos afrontaban la muerte: de manera totalmente distinta a los demás. Los hermanos, de hecho, se entregaban sin resistencia, sin desesperarse, sin insultar y sin odiar. Y esta actitud, que ciertamente no significaba la ausencia de miedo, era propia también de los hijos pequeños de los hermanos: los niños, en efecto, a pequeños pasos, la cabeza baja, la manos cerradas, los brazos cruzados sobre el pecho, afrontaban la muerte atroz junto a los padres. A éstos los milicianos, burlándose de ellos, les gritaban: «Os han enseñado bien en vuestras reuniones nocturnas la disciplina (militar) para afrontar la muerte».

Volviendo a Jean Baptiste y Bernardette, de sus 15 hijos, algunos de ellos adoptados, los más pequeños se salvaron porque estuvieron escondidos en un primer momento en casa de un matrimonio de hermanos Twa (pigmeos), Anastasia y Joseph, y luego en el orfanato de los Padres Rogacionistas bajo nombre falso. Los hijos mayores fueron asesinados casi todos. Una hija, Rosina, de 16 años, de la 2ª Comunidad, fue golpeada por dos veces, un proyectil le atravesó el hombro, creyeron que estaba muerta y fue arrojada a la fosa, y salió de ella rodeando durante largas horas, en la noche, la ciudad, entre indecibles sufrimientos y miedos, escondiéndose luego junto a algunos conocidos y finalmente en el orfanato de los Rogacionistas.

— HERMANA FRANÇOISE: superiora de la comunidad local de las Benebikira, catequista valiente. Normalmente, la noche antes de dar una catequesis del Camino, no dormía y hasta vomitaba a veces lo que había comido, a causa de la tensión. Siempre enfermiza, se transformaba cuando daba catequesis y a la gente le impactaba mucho su predicación.

Hecha pedazos el 24 de Abril por la tarde y dada por muerta, fue arrojada con otra hermana sobre un montón de cadáveres en un agujero muy profundo. Durante 3 días se oyeron sus lamentos. En vano las monjas supervivientes, ancianas y miedosas, trataron de sacarla fuera lanzándole una cuerda: a mitad del agujero no podía más, también por culpa de las fracturas y de las heridas de los brazos. Las hermanas recurrieron entonces a la gendarmería que, en vez de enviar a los socorristas, envió a los milicianos, quienes lanzaron piedras al agujero, acabando con la hermana Françoise y cerrando la fosa con tierra.

La hermana Françoise estaba muy ligada al Camino Neocatecumenal y por eso había luchado testarudamente con sus superioras mayores que querían cambiarla, consiguiendo siempre, al final, quedarse en Nyanza, haciendo el camino.

Pensando en su debilidad física y personal hay que exclamar: ¡verdaderamente el Señor es la fuerza de los que no tienen fuerza, Él da a los débiles la fuerza del martirio!

Una hermana de Nyanza prometió hacernos llegar testimonios seguros sobre el modo en que murió soeur Françoise. En realidad les hemos pedido a todos los hermanos supervivientes de Nyanza que nos hagan llegar testimonios seguros, verdaderos, auténticos sobre el modo en que murieron sus hermanos de comunidad, testimonios que puedan confortar y edificar la fe.

— (MARIE-) GRACE UWERA, Gráce para los hermanos, 25 años, profesora, catequista. Guapísima muchacha, entra en el Camino en la primera catequización de octubre del 89. Era ya su quinto año de Camino y tenía experiencia de bastantes catequesis, tanto con el primer como con el segundo equipo de catequistas de su comunidad. El año pasado vino a Denver, unida al grupo de los jóvenes de París. Quien la conoció en aquella ocasión (Danielle) hacía notar cómo aparecía clara en Gráce una llamada del Señor. En «Fort Collins», Gráce había respondido con alegría a la llamada vocacional, aunque pensaba más bien en una llamada a la itinerancia.

Gráce nos había echado una mano importante en la traducción de las catequesis iniciales en Kinyarwanda (ahora, escapando, hemos perdido todo: la traducción y los diskettes en los que estaban grabadas), siempre había aceptado gustosamente acompañar a su equipo en las catequesis fuera de la parroquia (en Gakoma, a 45 Km. de Nyanza, en dos ocasiones), con los riesgos y las molestias consiguientes: viajar en la parte trasera de la camioneta expuestos al frío y a la lluvia, la inseguridad de la noche (una noche en la que acompañé al equipo para ayudar con las confesiones en la penitencial, a la vuelta, ya tarde, topamos con dos guardias armados apuntándonos con el fusil y cargando para disparar; grité con toda mi voz: ¡quietos! ¡somos nosotros!... pero ¡qué miedo!) pagarse ellos mismos el alquiler de un coche que les llevase y les trajese, la gasolina, etc. Gráce nos había obedecido en lo referente a una decisión que debía tomar respecto a un chico francés que andaba detrás de ella después de Denver.

Por lo menos en tres ocasiones le he pedido al padre Bosco y a Héléne en el convento que me contaran todo lo que sabían de la muerte de Gráce. El relato, tan simple y bonito, es digno de los mártires de la primitiva Iglesia, a los que no tiene nada que envidiar, y convergen en un punto: Gráce murió pidiendo a Dios por sus asesinos.

Después del 6 de Abril, día del derribo del avión presidencial y del comienzo de las masacres, Gráce se refugió durante la noche junto a un matrimonio hutu de su comunidad, Michel y Berthilde, el matrimonio que vino a Roma para la convivencia de los Obispos de Africa. más tarde, no encontrándose ya segura allí, dormía con sus padres y sus hermanos, fuera, al aire libre, escondidos, para evitar ser sorprendidos en casa. Cuando llegaron los asesinos se fugó con su hermana Letizia, de 20 años, de la segunda comunidad, llevando consigo la Biblia. Sus padres y sus hermanos más jóvenes escaparon en otra dirección. Todos fueron apresados y asesinados. De la familia de Gráce queda sólo un muchacho, Delphin, de 18 o 19 años, que está en la tercera comunidad si no me equivoco. Atrapada por los milicianos, Gráce fue llevada a un puesto de control en el que se hacían las ejecuciones y donde estaba la fosa común. Antes de ser asesinada pidió un tiempo para rezar. Dijo a sus asesinos: mundekere akanya, nisabire nkabasabira: «dejadme un momento para rezar por mí y también por vosotros». Cogiendo la Biblia la abrió (¿al azar?), leyó, rezó, y después se dirigió a los asesinos diciendo: ímoneho mugire icyo mushaka!: «ahora haced lo que queráis». Y ofreció la cabeza. Parece ser que fue golpeada en primer lugar con un golpe de azada (¡todos los utensilios servían para golpear y matar!) sobre la cabeza, y luego acabaron con ella a golpes de machete. Oyendo contar su martirio me venía a la mente el de sor Ariwarite Negapeta Clementine, de Zaite, muerta en Isiro a manos de los Simba en el 64, muerta rezando y perdonando a sus asesinos...

— MATTMEU, vicepárroco, 68 años, sacerdote desde el 56, en Nyanza desde el 87, siempre muy acogedor con respecto al equipo (nos llamaba, exclamando con énfasis, con los brazos abiertos de par en par, «los apóstoles itinerantes»), respetuoso con las comunidades y con la pastoral de Justin. Siempre le he oído hablar bien del Camino Neocatecumenal. En la última catequización que se estaba terminando en Nyanza, era él quien seguía al equipo durante las catequesis en nombre del párroco. No quiso abandonar la parroquia el 23 de Abril al comienzo de las masacres en Nyanza. Acogió al militar que fue a capturarlo para matarlo vestido con la sotana, llevando casi procesionalmente el Evangelio (o la Biblia o el Breviario). El militar le precedía llevando el fusil a la espalda, el cañón apuntando hacia atrás. Caminaba el padre con dignidad y solemnidad: ¡sabía a lo que se enfrentaba! Tras pasar una puertecilla que conducía al exterior del recinto de la parroquia, a un bosquecillo, salió un primer tiro que hirió al padre Matthieu, luego el militar se dio la vuelta y terminó con él de un segundo tiro.

Después de haber vivido en Nyanza, en la parroquia, bastante tiempo, puedo testimoniar la fidelidad y el amor al sacerdocio del padre Matthieu, así como su gran humildad en el sacramento de la reconciliación, para el cual recurría a mí con frecuencia.


Conclusión sobre Nyanza: Cuando reunimos de nuevo a los hermanos supervivientes de Nyanza, contamos 51 entre las seis comunidades. Alguno provenía incluso de la catequesis que estaba finalizando en la parroquia.

Fuimos a buscar a los hermanos a las colinas de Nyanza, a las callejas de los barrios, según las indicaciones que habíamos tenido de posibles supervivientes.

Nyanza nos ha dejado la impresión de una ciudad espectro, fantasma, desierta. La habíamos conocido llena de vida, llena de gente en el mercado, en la parada del taxi-bus, en la parroquia, etc. Ahora, después de las masacres, estaba casi desierta, Por todas partes un gran silencio. Aquí y allá algún vestido a jirones, algún zapato abandonado por los muertos o por quienes escapaban.

Las caras, pocas, encontradas nos eran desconocidas. Muchas casas de los «tutsis» derruidas.

En nuestra primera visita a Nyanza encontramos sólo a 5 o 6 hermanos, felices y sorprendidos de vernos; creían que habíamos muerto, porque oyeron que habíamos escapado por la colina de Kigali a pie y que habíamos perdido contacto con los hermanos de Kigall que nos alojaban y que no habían vuelto a vernos.

La mañana antes de dejar Nyanza di una vuelta durante dos horas por los barrios de la ciudad. Escombros, destrucción, silencio. Tampoco la parroquia había empezado a alojar al nuevo párroco designado, Bosco. Los domingos todavía no se celebraba la misa; se hacían sólo celebraciones penitenciales o, más bien, vía crucis... con la finalidad de reconciliar los ánimos...

La gente que viene a instalarse a Nyanza viene de fuera, quizá incluso de fuera del país: de Uganda, de Burundi...

Nyanza era la antigua ciudad real, capital del reino, y por eso estaba habitada por muchos «tutsis»: eso explica el gran número de gente allí masacrada.

Las comunidades estaban formadas por hermanos de las dos etnias, es más, había algunos hermanos baTwa (pigmeos). Sabemos que algún hermano «hutu» está refugiado en Zalre, en Bukavu y los alrededores. Entre ellos: Michel y Berthilde, a quienes sobre todo Ignacio, pero también yo, alojamos alguna vez; Augustin Syamurinda y Scholastique, quienes escondieron y libraron de la masacre a algunos «tutsis», a pesar de que sus hijos mayores hicieran un gran daño.

Tenemos en esencia un batallón innumerable de hermanos que rezan por nosotros y por el Camino Neocatecumenal. TE MARTYRUM CANDIDATUS LAUDAT EXERCITUS ......



Cyangugu - Parroquia de la Catedral

Había dos comunidades: una más numerosa en la catedral misma y otra en un barrio cerca del aeropuerto. Cyangugu está de frente a Bukavu, en el extremo sur del lago Kivu, donde corre el río Rusizi que desemboca en el lago Tanganika en Bujumbura.

En Cyangugu sólo unos pocos hermanos muertos, 5 ó 6. En el campo de prófugos de Nyarushishi, donde estuvieron acampados los refugiados supervivientes del estadio de Cyangugu, encontramos algunas hermanas: 3 que quedaron viudas y 4 chicas: Alphonsine, Léotalie, Françoise, etc. Las que primero nos vieron llegar en una camioneta de la ONU que nos había recogido en autostop iban repitiendo: «Dios nos visita como a Abraham, nos visita con sus tres ángeles, como visitó a Abraham». i Fue algo muy conmovedor!

En medio de una extensión de carros blindados, las tiras de plástico blanco y azul de las tiendas, entre una marea de gente pequeña y grande, nos sentimos acogidos con alegría, estupor y reconocimiento. Las hermanas nos llevaron, dando una gran vuelta, por las tiendas para buscar a las demás. Durante dos horas largas estuvimos con 10 hermanas bajo la tienda escuchando y respondiendo a sus numerosas preguntas.

Eran de una comunidad joven, nacida en el verano del 93. Nos dijeron enseguida que escapando de las colinas se habían preocupado de encontrar sobre todo la Biblia y el Léon-Dufour (más de 80 temas traducidos en Kinyarwanda) y que siempre habían preparado y celebrado la Palabra. Refugiado con ellas había estado un chico de Nyanza, de una comunidad (la tercera, creo) más antigua que la suya, pero siempre en la fase del precatecumenado. Ayudadas por él y con él, habían hecho todo regularmente y con alegría. Impresionante constatar que no proferían palabra alguna de tristeza, de rabia, lamento o murmuración. Y sin embargo, desde hacía ya 6 meses no tenían nada y comían granos de maíz con Judías cocidas, ¡y sólo eso! La Palabra las saciaba. Nos impresionó verdaderamente su alegría.

Alphonsine, la mayor, a quien le habían matado marido, hijos y otras personas queridas, nos hizo, entre otras, una pregunta: «Nosotros conocemos a los asesinos de nuestros seres queridos, están todavía allí en las colinas, son nuestros vecinos, los conocemos bien: ¿podemos denunciarlos a los soldados del Frente Patriótico? ¿No es justo hacerlo?». A lo que Ignacio, previniendo mi moralismo de cura, respondió inspirado: «Nosotros no tenemos respuestas humanas propias sobre esto. Pero hay una respuesta que viene del Señor...». «Sí, la de perdonar y amar a los enemigos. Pero no es fácil... ¡pero es la verdad!». Y fue una alegría recordar de nuevo con ellas el Kerigma, la misión de la Iglesia, las catequesis de la convivencia final sobre el sermón de la montaña. Después de todo esto Alphonsine, radiante, exclama y repite: «Sí, ésta es la verdad, ésta es la verdad», como para subrayar que no puede haber otras verdades para ella y sus compañeras y como para decir que se esperaba de nosotros precisamente esta respuesta, como confirmación de que el camino que sigue no es un engaño sino la verdad.

Dos horas largas animadísimas y llenas de alegría, serenidad, gran consuelo y agradecimiento al Señor. Aun no teniendo nada, ¡lo tenían todo! Ninguna nos pidió nada como dinero o cosas similares. Es más, esto fue para mí un signo, también en las otras comunidades: nadie pidió dinero, cosa en cambio normalísima si nos hubieran identificado con el clásico misionero extranjero. En cambio, ¡hermanos entre hermanos! Signo de que ha nacido un nuevo tipo de misión, de evangelización, de misionero.

Dejamos el campo de refugiados por la tarde, bajo la lluvia, acompañados por las hermanas hasta los confines del campo, ante los ojos visiblemente curiosos de los cascos azules que presidían el campo. Se habrán preguntado: ¿pero quiénes son estos extranjeros blancos?

El día siguiente era domingo, el 16 de octubre. Después de la misa en la catedral encontramos a otros hermanos. Entre ellos Vedaste, que arriesgó la vida varias veces bajo las amenazas de los milicianos porque iba a visitar a las hermanas «tutsis» al campamento, siendo él «hutu», ayudándolas con alimento y otras cosas. Una vez un militar le empujó hasta el borde de la carretera apuntándole el fusil contra la frente... pero sin hacer salir la bala.

También entre ellos Faustin, el responsable. Nos contó que los militares fueron a buscarlo para obligarlo a unirse a las milicias en las masacres. Faustin, llamando a la mujer y a los hijos, hizo pública profesión de fe diciendo: «Deseamos ser cristianos y no queremos hacer nada contra la ley de Dios; no queremos hacer daño a nadie, ni yo, ni mi mujer, ni mis hijos. Aquí estamos todos. Haced de nosotros lo que queráis, pero ninguno de nuestra familia, ni yo, ni mi mujer, ni mis hijos, haremos algo que esté mal». Ante lo cual el soldado le marcó la mejilla izquierda con la bayoneta (se aprecia una cicatriz vistosa) y le golpeó en las manos y en los brazos con la culata del fusil. A Faustin no lo mataron, pero, casi por despecho, debajo de su casa se abrió una enorme fosa común y Faustin fue así testigo de las numerosas ejecuciones diarias. Sabemos que otros muchos hermanos de Cyangugu están refugiados en el vecino Zalre, en Bukavu y en los alrededores...


(Traducido del italiano por Fernando Rodríguez de la Torre)

(Notas aclaratorias de Enrique Bonete Perales)



(Artículo de la revista internacional de teología
Communio, nº 5 del año 1995, pags 477-488
Ed. Ediciones Encuentro, S.A.)


martes, 26 de mayo de 2009

Carlota

miércoles, 20 de mayo de 2009

La història d'un somriure



Dedicat a tots els infants; a totes les vides humanes.

També a totes les persones que se senten soles en aquest camí de la vida.




Sempre hi ha un moment a la vida en què les persones ens plantegem si realment val la pena viure. Situacions on els dubtes s’apoderen de la nostra existència i sentim que portem una llosa massa pesada a l’esquena. Quan això passa, hem d’estar més atents que mai a les experiències que la vida ens regala; sentir-les, viure-les i estimar-les; perquè un gest o una decisió d’un instant ens pot canviar la vida per sempre. Uns segons d’incertesa viscuts amb fe ens poden obrir pas en el camí de la vida i de la felicitat; un camí que tots cerquem i que estem destinats a poder trobar.


Jo mai oblidaré aquell estiu que va marcar tan profundament la meva vida...



Estava apunt de complir els vint anys. Em sentia sola, perduda i desorientada. La meva vida estava immersa en un pou de buidor, eclipsada per una societat que m’engolia. Turmentada per profundes pors ocultes que guardava molt dins meu i encobria. Anava al ritme que marcava la meva rutina; sense sentit, perduda, sentint-me molt sola.


En aquestes circumstàncies d’absoluta foscor en el meu dia a dia, va arribar un temps de pausa, de descans que vaig convertir en un espai de bogeria. Un any més arribava l’estiu; els dies allargaven els seus moments de llum i de sol, la calor transformava en més pesades les jornades i l’olor d’alegria es començava a respirar per tot arreu: a casa, a la facultat, a l’escola del meu barri, als parcs i a la ciutat, en general.


Aquell estiu tenia pensat allunyar-me, fugir de la infelicitat que m’ofegava i de la qual no en trobava sortida. Les meves amigues havien decidit passar un mes de les vacances a un petit poble vora mar. En aquell indret la festa, la disbauxa, la gresca i l’oblit hi governaven i eren els estàndards que hi havia com a bandera d’uns grans dies de diversió garantida. La meva desesperança m’havia portat a creure que aquest era l’únic camí, la única via que em permetria escapar i aconseguir ser feliç, ni que fos per uns instants.


Vam llogar un bonic apartament i la colla d’amigues vam anar allà disposades a gaudir de la vida i aprofitar al màxim l’elixir de la joventut; volíem menjar-nos el món. Preteníem passar-ho bé i oblidar-nos de les infelicitats, dels records, de les pors que portàvem a dins. Preteníem trobar allà la clau de la felicitat, la felicitat de viure el moment.


A l’apartament érem vuit amigues i, tot i així, no fluïa massa la comunicació entre nosaltres. Eren unes vacances de desconnexió i cada una vivíem dins del nostre món, a la nostra bombolla. Podíem parlar i riure, però en el fons estàvem a quilòmetres de distància unes de les altres. Encara que convivíem, les nostres ànimes restaven allunyades, separades per murs invisibles. Només esperàvem el nostre moment de glòria, la nit. Quan el sol es ponia i la lluna començava a brillar tímida en un cel tacat d’estels, nosaltres ens guarníem, ens empolainàvem i sortíem disposades a volar i, en definitiva, escapar.


Va ser allà on el vaig conèixer. Un noi força alt, fort i esvelt, amb un somriure somiador i una mirada profunda. De seguida em vaig sentir atreta pel seu aspecte físic i per la simpatia que semblava desbordar en el seu interior. Ell també es va fixar en mi. Aquesta atracció mútua va suposar la millor via de fugida que em podia portar a sentir-me bé i a oblidar que jo abans era infeliç. Em trobava amb ell a les nits; de festa en festa. Parlàvem, ballàvem junts, m’abraçava, em besava... Em deia que s’estava enamorant de mi. Així dia rere dia; o, més ben dit, nit rere nit. Vaig passar tot aquell estiu pensant en ell. De dia no vivia; tan sols esperava la nit, el moment en què el veuria de nou. El moment en què sentiria el contacte de la seva pell amb la meva; dels seus llavis amb els meus. Els moments en què jo volava i creia ser feliç.


Cada nit esperava perdre’m en ell, sentir l’olor, el gust i la màgia d’enamorar-me de qui en el fons no coneixia. Creure falsament que ell m’estimava i enganyar-me enmig d’una fosa d’autèntica soledat i inquietuds. Escapar per viure. Viure per escapar.


Va ser una d’aquelles nits de passió i bogeria en la que vaig fugir del soroll de la festa, dels crits de la gent i de la pudor d’alcohol i em vaig entregar per complet a aquell desconegut que prometia estimar-me i m’oferia glops de passió incontrolada. Els meus pensaments eren una pintura molla per la pluja. No hi veia, ni pensava. La llum de la lluna i les estrelles es reflectia en els meus ulls esporuguits. Després d’aquella nit, no el vaig veure mai més.


El dia següent em va costar molt de llevar-me. Em sentia acusada per preguntes indiscretes de totes les companyes. Pràcticament no recordava res del que havia passat la nit anterior; només sabia que tenia unes ganes boges de que la llum del dia marxés, fugís i que el gran mantell fosc però ple d’estrelles tornés a cobrir el cel. La nit era la meva salvació.


Aquella nit, però, va ser diferent perquè ell ja no va venir al punt on ens trobàvem sempre. I l’altre nit tampoc. Ni l’altre, ni l’altre... Havia marxat i m’havia deixat de nou sola. Envoltada de gent però més sola que mai. Completament sola.


Els últims dies d’aquell mes van ser per mi tenebrosos. El sol no il·luminava ja el meu rostre; vivia en una foscor perenne. En el cel ja no hi veia estels. Els meus pensaments tan sols reproduïen la imatge obsessiva de la mateixa cara. Una cara que em somreia, em parlava, prometia estimar-me i, de cop, s’esvaïa. La por a viure s’havia apoderat de mi; la felicitat no existia. Vaig maleir el món i la meva vida. Em trobava perduda en una societat que enganyava, t’absorbia i t’abandonava després sense cap pietat. Tot era mentida. Vam tornar de les vacances i jo seguia immersa en una depressió profunda. L’estiu acabaria i jo sentia que la meva vida era una càrrega que no podria suportar. Volia desaparèixer.


* * *


Uns dies després del meu retorn a casa, enmig del caos de la desesperança i el desconsol, vaig sentir una força que em venia de molt endins; una força que no era meva, no em pertanyia a mi. Dins meu alguna cosa canviava. El meu cor, el meu alè, els meus sospirs es transformaven miraculosament en sospirs i batecs compartits. Hi havia quelcom dins meu; potser un altre cor que bategava enmig d’aquella infelicitat immensa. Un cor que lluitava per viure. Una altra vida es gestava en mi i em venia a salvar.


No podia ser. Jo seguia sola, estava sola enmig d’un món que m’eclipsava, que em deia a crits “Estàs sola” i “No tens ningú”. M’enganyava. Un món que m’arrossegava a atemptar contra la nova vida, tapar-la, amagar-la, eliminar-la i continuar en el meu pou de preguntes, de dubtes i de tristesa. Havia de seguir el camí que jo mateixa m’havia d’escriure i el que ara em passava m’ho impediria. Però estava equivocada, i alguna força superior a mi em resguardava i em va impedir caure en aquesta trampa.


Vaig patir, vaig plorar, vaig cridar, vaig resar. I, mentre les llàgrimes queien galtes avall i untaven el meu rostre de patiment, jo suplicava ajuda i demanava coratge a Déu. I quan més cridava, més sentia que ja era mare, perquè ja no cridava sols per mi; ja no respirava només per mi; ja no plorava per mi; dins meu dos cors bategaven al ritme del meu plor. Aquell petit cor ple de vida jo el notava, el sentia dins del meu ventre. Havia d’aferrar-me a la vida, perquè ja no em trobava sola.


* * *


Quan va néixer el meu fill, va omplir la meva vida de fe i de sentit. Va portar el somriure a la casa. Els meus pares em van ajudar en tot el que va ser necessari per tirar endavant. La meva tristesa es va convertir en alegria i els meus dubtes en coratge. Vaig entendre que la meva vida no era en va, sinó que vivia per ser feliç. M’havia calgut passar per aquell pou de foscor per entendre-ho, però Déu m’havia enviat un àngel per alliberar-me. A vegades, és necessari el patiment en cada ésser humà per després sentir la grandesa de descobrir el veritable tresor de la felicitat, de la vida. Havia estat atrapada en un món ple d’enganys i mentides; ple de miratges que t’atrapen i no et deixen lliure; ara, en canvi, dels meus ulls sortia gratitud, tendresa i ganes de viure.


Ja des del moment en què em van posar l’infant al damunt, vaig sentir que aquell era el veritable camí que em portaria a ser feliç. Vaig passar suaument la meva mà dèbil sobre la seva esquena, estàvem pell amb pell, cor amb cor. Respirava ja sense la necessitat del meu respir; vivia i el meu esperit se sentia més acompanyada que mai. La meva ànima acariciava la seva. Era el meu fill. Me’l vaig mirar i inexplicablement en els seus llavis semblava dibuixar-s’hi un somriure. Les meves llàgrimes relliscaven galtes avall, aquest cop, però, estava radiant de felicitat. Les infermeres que em van assistir al part em van comentar que mai havien vist que un nadó acabat de néixer semblés portar aquell somriure als llavis. Un somriure que transmetia felicitat, pau i alegria. Un somriure que comunicava llum i esperança pel món, per la humanitat; en el seu somriure s’hi llegia: Gràcies pel regal de la vida.


Era el meu somriure; era el meu àngel i m’havia salvat.


Aquella nit de primavera, a fora, brillaven més que mai les estrelles.



Maria Prats Aymerich


Finalista del concurs NArcís Lunes


Sant Vicenç dels Horts


lunes, 18 de mayo de 2009

domingo, 3 de mayo de 2009

El amor verdadero se encuentra en el cielo

Desde hace ya unos cuantos años me dedico a leer el Magazine casi todos los domingos. En el Magazine de hoy (II/V/MMVIX) Lucía Etxebarría hablaba sobre una expresión muy oída hoy en día; hablaba sobre los “te quiero”. Me gustaría resaltar la frase: “Nadie nos ha enseñado el verdadero significado del amor”, ya que, a diferencia de muchas otras, creo bastante acertada. Lucía representa a la voz de la sociedad de hoy en día (no hace falta describirnos, ¿no?), la cual ya no sabe lo que significa el amor. Sólo aquel que se ha sentido amado puede dar amor. Y amar es humillarse, no sólo por tu pareja o hijo, si no por el que desprecias y al que no soportas; amar es morir por ellos. Amar es descender de nuestro pedestal de reyes, dejar nuestro orgullo de lado y rebajarse al otro. A veces es sufrimiento, que se transforma en plena alegría. Como decía una gran conocida por todos nosotros, “Ama hasta que te duela; si te duele, es buena señal”. El amor es algo tan grande que es difícil de expresar. Desde mi experiencia puedo decir que todo esto no es algo utópico e irreal. A menudo nuestro amor se limita a nuestros intereses. Porque, al fin y al cabo, tú eres la reina de tu vida. Tu orgullo es superior a todo ello. Pero llega un día en el que te das cuenta que eres incapaz de amar a nadie; que no soportas que te quieran. Y que estás sólo.

Pero de repente amanece, aunque no todo el mundo puede ver ese reluciente sol. Ahora me siento una gran privilegiada, porque ese increíble sol que vi aquel día, ilumina mi vida desde entonces. Sólo puedo dar gracias a aquellos que lo hicieron posible. Mis padres nos han enseñado a mis hermanos y a mí, este amor, verdadero. Pero no ha sido una enseñanza de palabras y más palabras; ha sido una enseñanza de hechos, con su propia vida. Sin ese amor, que mis padres un día descubrieron, ni mis hermanos ni yo existiríamos, ni tan siquiera el mayor. Pero, ¿de dónde viene ese amor que es paciente, servicial, que todo lo puede? ¿Dónde encontrarlo? El amor verdadero se encuentra en el cielo. El amor es Dios. Él es el único que nos ama incondicionalmente, seamos como seamos. Sólo cuando he descubierto y he creído este gran misterio he podido empezar a amar. Y mis padres han sido la prueba empírica de que con amor todo es posible; que para Dios, no hay nada imposible.

L.S.R.

martes, 3 de marzo de 2009

"El Puente"

viernes, 14 de noviembre de 2008

'Bella'

Una gran pel·lícula:


jueves, 16 de octubre de 2008

"Els LOIS"

Aquí teniu tot un conjunt de fotografies dels LOIS. Des que es van conèixer a Sydney, passant per Burriana, per Lourdes...
On serà la propera??
Gran incògnita.
El que si sabem és que aquest grup formidable té un esperit etern.
Així que atents, perquè no han fet més que començar.




Created with Admarket's flickrSLiDR.


Doncs ja sabeu: si es mou el teu Lois, "laralalalá, déjalo bailar. . ."

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Amor Callado

Amor Callado

Amor callado, que jamás se queja;

amor que, en la discreta madrugada,

sólo acierta a poner, junto a tu reja,

la ilusión de una estrofa perfumada.

Amor de un alma taciturna y vieja;

amor que es como música olvidada,

que tiene azul resignación de oveja,

que lo dá todo y no pide nada.

Amor es eso, amar como te amo,

sin medir tu desdén, sin que un reclamo

haga que el alma de esperanza estalle.

Amor sin arrebatos y sin ruido,

que espera que tu hogar esté dormido

para pasar entonces por tu calle.

Miguel A. Peguero